No es un anuncio: es una invitación.
Este primer viernes del año abro una puerta lenta.
Empiezo una sesión quincenal, cada viernes, en mi página oficial, para recomendar libros como quien comparte un abrazo: no para deslumbrar, sino para quedarse a escuchar.
Quise comenzar con Obra crítica de Julio Cortázar.
No como homenaje, sino como aprendizaje.
Aquí el escritor se quita el disfraz del genio y se muestra lector atento, riguroso, generoso. Cortázar lee a otros para entenderse a sí mismo, y al hacerlo nos enseña que la crítica no es un gesto de superioridad, sino una forma profunda de amor por la literatura.
En estas páginas se aprende a mirar cómo piensa un escritor cuando piensa en serio: cuando cruza la poesía con la novela, el ensayo con el teatro, cuando sabe que los géneros no son fronteras sino caminos que se tocan. Su crítica no sentencia: dialoga. No clausura: abre. No exhibe erudición: la pone a trabajar.
Recomendar este libro es invitar a leer con más conciencia, a escribir con más humildad, a recordar que la literatura no se hereda: se conquista cada día, línea a línea, leyendo bien.
Que este primer viernes sea eso:
el inicio de una conversación larga, sin prisa, con libros que saben quedarse.
